Siete de Marzo de Dos mil catorce.
La peor fecha de mi vida, entré en un mar de lágrimas dónde el único salvavidas eras tu... y tu no querías salvarme. Te fallé, lo acepto. Pero también me fallé, y eso también es doloroso.
¿Cómo puedes perder a la mejor persona del mundo por un detestable capricho?
¿Cómo puedes arriesgar la mejor relación de tu vida por mantener un juego egocéntrico?
Sé que te perdí, y ninguno de tus castigos es tan grande o cruel como el que creo merecer, pero lo encontré: el peor castigo que merezco es no perdonarme nunca por haberte lastimado.
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